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El último día de “El Chapo”

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CDMX, - A partir de la sentencia del 17 de julio de 2019, cuando en una Corte de Distrito de Nueva York, Estados Unidos fue sentenciado a cadena perpetua más 30 años de prisión, solo los abogados podrán ver al narcotraficante, a quien han confinado a una prisión en las rocosas de Colorado, de la cual no saldrá ni a respirar aire fresco. Por 25 años de vida criminal, tráfico de drogas, tortura, asesinatos, lavado de dinero, entre otros delitos, fue juzgado en otro país. En México, ni multa ni sentencias ejemplares


El juez Brian Cogan fue el último en entrar a la Sala 8D de la Corte de Distrito Este de Nueva York en la ciudad de Brooklyn. La sesión que había programado para las nueve de la mañana y que tendría duración de hora y media, comenzó a las 9:22 del miércoles 17 de julio, y antes de una hora, a las 10:10 de la mañana, la sentencia había sido dictada. Una cadena perpetua, más 30 años de cárcel y el pago de una multa de 12 mil 166 millones 704 mil dólares.




Tal cantidad, hace referencia la fiscalía, es la que Joaquín Archivaldo “El Chapo” Guzmán Loera habría logrado en 25 años de vida criminal trasegando droga de Centroamérica y México a Estados Unidos, vía aérea, marítima, terrestre, y por el subsuelo en los notorios narcotúneles que tanto explotó el capo mexicano.

Uno de los lemas de Nueva York es “La ciudad que nunca duerme”. La tarde del martes 16 y la madrugada del miércoles 17 de julio, eso sucedió en las zonas aledañas a la Corte de Distrito Este de Nueva York con sede en Brooklyn. Desde un día antes, reporteros corresponsales mexicanos y de medios norteamericanos acamparon en la banqueta de la Corte. Al tiempo, policías de la ciudad, alguaciles con canes amaestrados en la detección de explosivos y drogas hicieron lo mismo. Rondaron todos los flancos del edificio federal en resguardo ante la llegada del prisionero más notorio de esa Corte.

Fueron cerrados los accesos a las calles, y el pequeño parque frente al edificio de la Corte fue acordonado. Las áreas comunes, banquetas y calle frontal, también fueron cerradas a la circulación. La revisión policíaca era extrema la madrugada del 17 de julio.

A las 7:30 de la mañana, doce horas después de la vigilia mediática para alcanzar un lugar en la Corte, se abrieron las puertas de la misma. Dentro del complejo federal tampoco se escatimó en seguridad. Por lo menos dos arcos para detectar metales y el despojo de todo aparato electrónico fueron necesarios para acceder a las salas de los juzgadores.

Alguaciles rondando los pasillos en todo momento, policías, oficiales federales guiando a los equipos jurídicos, a los representantes de medios de comunicación y a quienes acudieron a ver por última ocasión al narcotraficante oriundo de Badiraguato, Sinaloa.

Sería la última vez, o al menos eso se espera, que “El Chapo” Guzmán sea visto o escuchado en público en la vida. La pasará confinado en




una celda de máxima seguridad en la zona rocosa de Colorado, en la prisión ADX Florence.

No verá la luz del día. No verá la luna. No podrá sentir el viento. Estará encerrado y monitoreado las 24 horas de cada día por el resto de su vida.

La sentencia dictada por el juez Cogan, de una cadena perpetua más 30 años y el pago de más de 12.6 mil millones de dólares ha sido ejemplar para el mundo criminal. A ningún capo le han sentado una multa multimillonaria. Ninguno otro había salido en la lista de las personas más ricas del mundo en la revista Forbes, por supuesto. Lo que sí, es el tercer mafioso de origen en el Cártel de Sinaloa en ser sentenciado con cadena perpetua. En su momento, Alfredo Beltrán Leyva “El Mochomo” y Dámaso López Núñez “El Licenciado”, las recibieron. Aunque Guzmán Loera cuenta también con 30 años adicionales de cárcel y 240 meses por lavado de dinero, estos últimos concurrentes con los 30 años.

“El Chapo” alegó tortura. Se refirió al gobierno de Estados Unidos como corrupto, y acusó: “… con todo respeto ha sido una tortura, ha sido lo más inhumano que he pasado en mi vida”.

Pero su llamado a la misericordia no hizo mella en el juez Cogan. Ni en los fiscales que le persiguieron judicialmente y probaron “las atrocidades cometidas” por el narcotraficante mexicano.

En la sala 8D de la Corte de Distrito de Nueva York, del lado derecho del juzgador, once abogados integraron la defensa del capo. Con él al centro ya nada pudieron hacer. Pidieron clemencia, exigieron un nuevo juicio pues acusaron a miembros del Jurado -que ya no se presentó el día de la sentencia- de haber leído información sobre “El Chapo” en los medios de comunicación, lo cual estaba prohibido expresamente por el juez.
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Pero los abogados no lo lograron. No habrá otro juicio. Ese día estuvieron citados para escuchar la sentencia punitiva, propuesta por la fiscalía y avalada por el juez Cogan, Justo frente a la mesa de la defensa, otra era ocupada por catorce elementos de distintas fiscalías de Distrito que se unieron para el juicio al narcotraficante.



Buscado para llevarlo ante la justicia en siete estados de la Unión Americana: Texas, Nueva York, California, New Hampshire, Arizona, Illinois y Virginia, las averiguaciones se conjuntaron y dos de los siete estados representaron a la fiscalía: por el Distrito Este de Nueva York, Gina Parlovecchio, Michael Robotti, Patricia Notopoulos e Hiral Mehta. Por el Distrito Sur de Florida, Adam Fels, Andrea Goldbarg y Lynn Kirkpatrick. Además, los oficiales Amanda Liskamm, Anthony Nardozzi, Brett Reynolds y Michael Lang, del Departamento de Justicia Criminal División de Narcóticos.

El propio juez explicaría que en ese juicio se había enterado de los peores horrores en su vida. No habría ni un dejo de consideración para Guzmán Loera.



Por primera vez en el juicio, Guzmán hizo uso de la voz. Llevaba un documento que fue leyendo y una mujer traductora lo relataba al idioma inglés. Primero agradeció a su esposa, a sus hijos, a su familia, por el apoyo que le dieron, y a todas las personas que oraron por él.

Continuó: “Como ustedes saben, las condiciones de confinamiento que he vivido en 30 meses han sido una tortura. Me he visto obligado a beber agua no higiénica, se me ha negado la luz solar, el aire fresco, me duele mi garganta, nariz, cabeza”, dijo para después explicar que el aire que respiraba, le llegaba por un ducto que le resecaba. “para dormir tengo que tapar mis oídos con papel higiénico… a mi esposa hasta el día de hoy no se le ha dado permiso para que me visite, no se me ha permitido abrazar a mis niñas”.

Reclamó haber sido torturado psicológicamente las 24 horas del día, “… con todo respeto ha sido una tortura, ha sido lo más inhumano que me ha pasado en la vida. Treinta meses llenos de tortura, estamos en el Siglo XXI no se deberían ver estos tratos inhumanos”, sin embargo, agradeció a los custodios de la cárcel el buen trato que, aseguró, le ayudó a sobrellevar la tortura.

“Cuando fui extraditado esperaba un juicio justo, donde la justicia fuera ciega y que mi fama no determinara, pero lo que pasó fue lo opuesto”. Refirió el caso de miembros del Jurado que, trascendió, habían visto noticias sobre el juicio y sobre él mismo, y consideró que eso “afectó mi oportunidad de justicia”.

Finalizó:

“Ya que el gobierno de los Estados Unidos me va a mandar a una prisión donde jamás volverán a saber de mí, aprovecho para

La mujer refirió tener el apoyo del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés). De hecho que la última ocasión se enteró que a su departamento en Ciudad de México se dirigía un comando armado con policías federales para matarla por órdenes del “Chapo”, pidió ayuda al FBI y fue rescatada y trasladada a Estados Unidos.

Guzmán Loera no miraba a la testigo. Sus ojos estaban centrados en la figura de su esposa Emma Coronel, a quien había saludado afectivamente a la distancia. Eventualmente miraba en dirección al juez, a cuyo lado derecho se encontraba la víctima invitada a hablar por la fiscalía.

El juez Brian Cogan procedió a confirmar la sentencia por liderar una organización criminal, 26 cargos relacionados con actividades criminales y asesinato, y lavado de dinero. Notificó a la defensa de los catorce días con que cuentan para apelar a la misma. Ellos solicitaron que mientras ese periodo subsista, su defendido no fuese cambiado de prisión, pero quedaría a la responsabilidad y decisión de la Dirección de Prisiones.

En la investigación para el juicio del “Chapo”, participaron agentes de la Administración para el Control de Drogas (DEA), Oficina de Detención y Deportación (ICE), FBI, Programa de Testigos Protegidos y narcotraficantes ex socios criminales del sinaloense que buscaban una reducción en sus penas. Fue evidenciado por traficar más de un millón de kilogramos de cocaína, marihuana, metanfetamina y heroína a Estados Unidos y contaron con la participación de catorce testigos cooperantes.

Es, dijeron, la investigación más copiosa que se haya realizado, con relación a testimonios, documentos, fotografías, escuchas, intervención del sofisticado sistema de comunicaciones con que se movía el capo que utilizaba barcos de pesca, submarinos, aviones, trenes y narcotúneles -entre otros medios- para traficar la droga.

Además de establecer el uso de la violencia para mantener el control de territorios, y que él dirigía a sus sicarios para secuestrar, interrogar, torturar, desmembrar a miembros de organizaciones criminales rivales, contando con una red de corrupción integrada por oficiales y funcionarios del gobierno para proteger al Cártel de Sinaloa, entre ellos agentes de la entonces Procuraduría General de la República, custodios, altos miembros de las Fuerzas Armadas y funcionarios de elección popular a quienes pagó millones de dólares.

Al finalizar la sesión de sentencia, el fiscal Richard Donoghue expresó: “Nunca más él pondrá veneno en nuestro país, o hará millones mientras vidas inocentes se pierden. No podemos deshacer la violencia, la miseria y la devastación, infringida en incontables individuos y comunidades como resultado de su organización en la venta de toneladas de drogas ilegales durante más de dos décadas; pero podemos asegurar que pasará cada minuto de cada día en prisión. Y que el mismo destino le aguarda a aquellos que tomen su lugar”.

Y un oficial de la DEA arengó: “Esta sentencia muestra al mundo que no importa qué tan protegido o poderoso seas, la DEA se asegurará que enfrentes la justicia”.

Mientras Joaquín Archivaldo Guzmán Loera era trasladado a un lugar seguro del edificio para después ser llevado a prisión, en el que será -de acuerdo a la sentencia- el último día que se haya visto a “El Chapo”.

*Con Información de EFE y AP




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