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Momentos más humillantes del Chapo en las prisiones mexicanas

El paso de Joaquín “el Chapo” Guzmán por las prisiones de México ha creado gran expectativa desde 1993 cuando fue capturado por primera vez, ya que su fama como uno de los narcotraficantes más poderosos y más buscados del mundo comenzó a crecer.
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Sin embargo, en las tres ocasiones que estuvo preso en cárceles del país pasó por momentos difíciles y hasta humillantes.

En terapia. En el Penal de Ciudad Juárez, Chihuahua, en el 2016, Guzmán Loera era el preso con el número 3912 de acuerdo con un informe detallado, está sentado frente al psicólogo. Tiene 59 años y los ojos hundidos.

El profesional le pide que recuerde y el reo comienza a contar que nació en Badiraguato, Sinaloa. Su padre murió en 1982; su madre aún vive. Continúa diciendo que él sacó adelante a su familia y es el segundo de ocho hermanos. Se muestra a un preso derrotado, con pérdidas de memoria y un trastorno de ansiedad.

Llegada a prisión. Otro de los momentos más humillantes fue en las fotos difundidas por el portal Latinus, en las que el capo viste un mono color caqui, con el número 3870 pintado en el pecho del lado derecho, al ingresar al penal de máxima seguridad del Altiplano, en Estado de México. Le acaban de rapar el pelo y el bigote. Tiene las manos manchadas con tinta, la cual se limpia pacientemente con servilletas.

En una grabación difundida por el portal Dominio Público, se aprecian las estrictas revisiones corporales a las que fue sometido el líder del Cártel de Sinaloa. El Chapo se quita el uniforme y es obligado a hacer sentadillas. Uno de los custodios revisa sus brazos y piernas para una inspección corporal.

Al final se acomoda la ropa y termina el video.

Entrevista. Un breve video relata una sesión entre Joaquín el Chapo Guzmán y Mónica Ramírez, criminóloga encargada de hacer el perfil psicológico del capo en 2016, tras su espectacular fuga por un túnel y su recaptura en Los Mochis, Sinaloa.

Extradición. Finalmente, un video de un minuto 16 segundos, detalla a un Chapo viejo, casi flaco, triste, en 2017, cuando Joaquín Guzmán Loera, de 60 años, sube a un avión del Gobierno de México que lo llevará hasta Nueva York, Estados Unidos. Sus ojos se llenan de lágrimas ante la posibilidad de no volver a ser libre lo que resta de su vida.


Con información de EFE y AP

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