VIDEO: Jesús María “Los niños pensaban que eran ‘cuetes’; cantaban y eso nos tranquilizaba”

Eran las 4:00 horas el jueves 5 de enero, la madrugada ya registraba baja temperatura, pero en cuestión de segundos, la sindicatura de Jesús María, a 45 kilómetros al norte de Culiacán, fue el epicentro de uno de los sucesos violentos que no se habían visto jamás. Un operativo orquestado por los militares para capturar a Ovidio Guzmán, “El Ratón”, convirtió la comunidad en una zona de guerra.


Balas de todas las armas, de todos los calibres, provocaban el retumbar en medio de la soledad y rompían el silencio; en cuestión de minutos, ya había afectaciones en casas, carros, y de a poco les fue llegando la ‘lumbre’.

José Ríos, conocido como “Gringo”, un vecino de Jesús María y que junto con su familia estaba en su cama durmiendo, fue despertado con las detonaciones que se hacían desde al menos cuatro helicópteros de las Fuerzas Armadas, y al mismo tiempo la respuesta de quienes estaban defendiendo “la plaza” y al “jefe”.

Relató que cuando se despertaron, él, su esposa, su hija e hijo, ambos jóvenes, y sus dos nietos pequeños, el primer instinto fue refugiarse, para ponerse a salvo; para ese momento, su vivienda estaba rodeada por un grupo de personas armadas, lo que los dejaba inmersos en el fuego cruzado.

Su casa, con ellos adentro, fue utilizada como “barricada” por un grupo de varios delincuentes “empecherados”. Para su mala suerte, es la primera vivienda para subir a la loma, donde se ubica la residencia donde fue detenido el hijo de “El Chapo”. Por ello, los armados “se le metieron” y bloquearon la subida en un intento de impedir que llegaran a él, a Ovidio.

Se metieron en varias camionetas. Primero entraron al tejabán, luego a la cocina, después reventaron las puertas de dos recámaras. En la última estaba “Gringo” con toda su familia.

“Estábamos dormidos y de repente empezó, como a las 4 de la mañana. Nosotros a refugiarnos, nada más, nos asomábamos por la ventana, carros corriendo, subiendo, las balaceras. Lo que hicimos fue escondernos y esperar que esto terminara”, relató.

El “Gringo”, dijo que aún y cuando no tenían la certeza de lo que estaba ocurriendo, al ver los vehículos, ya se imaginaban lo que se venía.

Entre los tiroteos, el refuego y los gritos, el señor José Ríos recordó que para mantener la calma los pequeños cantaron “El Tucanazo”, canción que hicieron populares Los Tucanes de Tijuana; ver a sus nietos cantando también los tranquilizaba a ellos. En su inocencia, los niños creyeron que se trataba de detonaciones de “cuetes”. Y cuando los pequeños vieron la sangre, pensaban que era ‘chamoy’. Nadie los contradijo, en casa el ‘chamoy’ se había tirado.

“Pobrecitos, ellos pensaban que eran ‘cuetes’; Ellos estaban alegres, no sabían el peligro en el que estaban”.

Fue entre 8 y 10 horas después, cuando el fuego cesó, los armados se fueron y ellos salieron del cuartito de 4×4 metros. Recuperaron su casa, la cual acababan de pintar para las fiestas navideñas y ahora está como ‘coladera’, llena de impactos de armas de grueso calibre.

En su patio quedaron dos camionetas blindadas y artilladas, destrozadas por las detonaciones de los helicópteros de las Fuerzas Armadas. También su camioneta fue reventada por las balas. Además, tuvo afectaciones en minisplits, tinaco de agua y en herramienta de trabajo como es motores y lanchas, que tenía en el patio porque se dedica a la pesca en la presa Adolfo López Mateos. Incluso, agrega se quedaron sin cobijas porque se llenaron de sangre.

Cuando finalmente pudieron salir a buscar señal telefónica y lograron comunicarse con sus familias en la ciudad de Culiacán, para entonces, el panorama era desolador, pues a su paso, se encontraron vehículos calcinados, balas, sangre, literalmente, lamentó, una guerra.

Este sábado, a dos días de lo ocurrido, más de 300 elementos de la Sedena, Guardia Nacional, Policía Estatal, Policía Municipal, Secretaría de Salud, Insabi y Cruz Roja, entre otras, acudieron personalmente a llevar apoyos a las familias que sin contar con los servicios de luz y agua, ni víveres y en algunos casos alimentos, pedían a gritos la intervención del Gobierno del Estado.

Los estragos del operativo aún muestran pruebas por todo el trayecto de Culiacán a Jesús María, en donde aún están casi 50 vehículos que fueron incendiados, por los grupos criminales en el ya denominado “segundo jueves negro“.


Con información de EFE y AP