Un video que circula en redes sociales volvió a poner en el centro del debate regional las políticas de seguridad aplicadas en El Salvador y el impacto psicológico que tienen en los grupos criminales.

San Salvador, municipio y departamento de San Salvador, El Salvador. Un video difundido recientemente muestra a un presunto pandillero capturado por las fuerzas de seguridad salvadoreñas visiblemente angustiado y llorando al comprender que enfrentará una reclusión prolongada bajo el régimen penitenciario vigente. La escena ha generado miles de reacciones y reavivó la comparación con otros países de Centroamérica.

Desde 2022, el gobierno del presidente Nayib Bukele mantiene un estado de excepción que transformó el combate contra las pandillas. De acuerdo con cifras oficiales, más de 80 mil personas han sido detenidas como presuntos integrantes de estructuras criminales, mientras la tasa de homicidios cayó de 38 por cada 100 mil habitantes en 2019 a menos de 2 en 2025.

Analistas en seguridad consultados explican que la reacción emocional observada en los detenidos refleja un cambio profundo en la percepción de impunidad. “La certeza de no volver rápidamente a las calles rompe con años de control territorial ejercido por las pandillas”, señaló un especialista regional en crimen organizado.

En contraste, usuarios y líderes comunitarios compararon el caso salvadoreño con situaciones en Guatemala y Ecuador, donde —según señalan— procesos judiciales lentos o débiles permiten que delincuentes recuperen su libertad en poco tiempo. Esta percepción alimenta una narrativa de mayor eficacia del modelo aplicado en El Salvador.

“Aquí ya no hay cámaras para desafiar, hay silencio porque saben que la cárcel es real”, comentó un habitante de San Salvador al referirse al impacto social de las detenciones.

Organizaciones civiles reconocen la reducción de la violencia, aunque advierten sobre la necesidad de equilibrio entre seguridad y garantías legales. Mientras tanto, para una parte importante de la población salvadoreña, las imágenes del video simbolizan un antes y un después en la lucha contra la criminalidad en el país.