El Cartel de la Sierra, conocido como "Los Tlacos", mantiene una férrea presencia en la sierra de Guerrero, en un conflicto constante con grupos rivales.

Elementos del Cartel de la Sierra (CDLS), también conocidos como "Los Tlacos", han reforzado su presencia en la región montañosa del municipio de Ajuchitlán del Progreso, en el estado de Guerrero, México. Según vecinos y autoridades locales, los integrantes del grupo se despliegan en uniformes militares y portan armamento de alto calibre para proteger sus territorios.

El conflicto con grupos rivales, como Los Ardillos y La Familia Michoacana, se ha intensificado en los últimos meses, generando una creciente preocupación en la población por la seguridad y la libre movilidad en la zona. "Se nota la tensión en cada vereda y camino. La gente tiene miedo de salir de noche", comentó un residente que prefirió mantener el anonimato.

Expertos en seguridad señalan que el control territorial de "Los Tlacos" no solo busca la protección de rutas de tráfico de drogas, sino también el dominio de mercados locales. "Estas organizaciones se fortalecen cuando logran controlar el flujo económico y armado, lo que hace más complejo cualquier operativo de seguridad", explicó José Ramírez, analista en criminología regional.

Las autoridades han registrado operativos de vigilancia y decomisos de armas en las comunidades cercanas, destacando:

  • Armas largas y cortas de uso exclusivo del ejército
  • Vehículos con blindaje artesanal
  • Municiones y explosivos de alto poder

La comunidad local ha solicitado a la Secretaría de Seguridad Ciudadana y a la Guardia Nacional mayor presencia en la zona, mientras que organizaciones civiles han promovido mesas de diálogo para reducir la violencia y fomentar estrategias de prevención entre los jóvenes.

“La prioridad es recuperar la confianza de la población y disminuir la sensación de impunidad que favorece a los grupos armados”, concluyó Ramírez.

El conflicto en Guerrero refleja un patrón que se repite en varias regiones del país, donde los carteles locales defienden sus territorios frente a rivales con métodos similares, generando un ciclo de violencia que complica los esfuerzos de pacificación y desarrollo.